jueves, 14 de septiembre de 2017

Experiencias Residentes PIR 12. ATENCIÓN CONTINUADA


Después de unas más que merecidas vacaciones, seguro que algunos de vosotros estáis aún en ese período de adaptación previo a la inmersión en la rutina… Por eso, ¿qué mejor que seguir descubriendo cómo podría ser vuestra residencia a partir de mayo?

Pues bien, ¡¡allá vamos!! Os he contado un poquito cómo fue mi primera toma de contacto con el CSM al que voy por las mañanas e incluso cómo son las guardias, pero lo que todavía no os había explicado es en qué han consistido mis tardes de atención continuada.

La atención continuada empieza a partir de julio en mi hospital, por lo que después de haberme adentrado un poco más en el funcionamiento de mi CSM habitual, pensé que las tardes al ser también en un CSM, serían similares… Con esa idea invadiendo mi mente, fui al primer día en Águilas. Sólo fue necesario un día para comprender lo tremendamente equivocada que estaba.

Si bien el funcionamiento es muy parecido (el psicólogo en un centro de salud mental dedica la mayoría de su tiempo a pasar consultas), la forma de trabajar de cada persona es totalmente diferente (o esa ha sido mi experiencia hasta la fecha). A lo mejor puede sonar raro… Una psicoterapia es una psicoterapia, ¿no? Sin embargo, desde el enfoque con el que trabajan hasta la posición que adoptan ante el paciente, el tipo de lenguaje verbal y no verbal que emplean, las metáforas, las interpretaciones, la recogida de información en la primera entrevista… en definitiva, toda la intervención en sí misma, me resultó absolutamente distinta.

Al principio he de reconocer que me resultó bastante desconcertante, es decir, poco a poco había ido forjando un esquema de cómo se llevaba una sesión, así que de repente observar un cambio tan grande, fue sorprendente. Quizás en esta ocasión, mi problema fue la existencia de una idea preconcebida de cómo se debían hacer las cosas.

No os voy a mentir, siempre existen personas o cierta manera de llevar a cabo las cosas con las que te sientes más identificado, pero precisamente puedes darte cuenta de eso, si tienes diferentes modelos.

Poco a poco he ido comprendiendo que igual que cada paciente es único, cada terapeuta también lo es.

En mi corto recorrido, he tenido la grandísima oportunidad de ver cómo trabajan diferentes profesionales, desde psicólogos a psiquiatras o enfermeros, y sin duda, es una experiencia muy enriquecedora y que recomiendo empedernidamente.

Si podéis, abrid la mente, convertiros en esponjas, extraed lo máximo posible del mayor número de personas; como se suelde decir “de todo se aprende” y sólo esforzándonos por mejorar cada día, llegaremos a ser grandes profesionales capaces de ayudar a otras personas a mejorar, afrontar y/o disfrutar de sus vidas.

¡¡Muchísimas gracias por leernos!!

LAURA PÉREZ LUNA

Psicóloga Interna Residente

miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Anan qué? Anancástica

                     Por Dr. Juan Jesús Muñoz García, Profesor de Psicología Clínica de CeDe


La personalidad anancástica  u obsesiva-compulsiva (se equipararán aunque no son estrictamente equivalentes) supone una forma de ser, sentir, pensar y comportarse relativamente estable y que, de alguna manera, puede condicionar el día a día de la persona que la presente. Aunque podríamos pensar que una gran parte de la población tiene un poco de obsesiva, lo cierto es que el problema llega cuando condiciona nuestro devenir entorpeciendo, por ejemplo, nuestra capacidad de trabajar y/o tener una relación.

Pero más allá de criterios diagnósticos, cuáles son ejemplos de posibles cotidianeidades que son prototípicas del comportamiento de las personalidades anancásticas. El caso es que quizá, una infancia en la que haya progenitores excesivamente celosos del comportamiento de sus hijos, hipercontroladores y muy exigentes; críticos hasta la saciedad con lo que consideran erróneo; y siempre exigiendo un comportamiento óptimo y acorde con lo esperable, supongan determinantes de una introyección por parte del niño de la necesidad de realizar todo de forma perfecta y tenerlo bajo control. El desarrollo se tiñe de un mundo de prohibiciones, impidiendo la aparición de satisfacción con uno mismo y lo que se hace, lo que deriva en fomentar la aparición de cierta indefensión ante el resultado del comportamiento si no es el esperable.

Epidemiológicamente hablaríamos de una prevalencia del 1% en población general, si bien hay otros estudios que apuntan a porcentajes que varían entre el 0,9% y el 6,4% (cifras probablemente vinculadas a rasgos de la personalidad y no tanto a trastorno). Los rasgos definitorios son falta de decisión, dudas y precauciones excesivas que reflejan una profunda inseguridad personal, preocupación por los detalles, normas, listas , orden, organización y programación del tiempo; perfeccionismo, desproporcionado hasta el extremo de llegar a perder la perspectiva global de la situación; rectitud y escrupulosidad excesivas; preocupación injustificada por los remordimientos, hasta el extremo de renunciar a actividades placenteras y relaciones personales; pedantería y convencionalismo con limitada capacidad para expresar emociones afectuosas; rigidez y obstinación; así como insistencia no razonable en que los demás se sometan a su propia forma de hacer las cosas o bien una resistencia no razonable a permitir que los demás hagan las cosas por sí mismos.

Quizá es difícil reconocerse en esos criterios (por cierto, hay que cumplir un mínimo de cuatro) y hagan falta ejemplos más concretos. Así, alguien obsesivo intentará siempre ser el líder en un trabajo grupal, imponiendo sus criterios y/o desdeñando los de otras personas salvo que considere que son tan válidas como él. Su forma de ver las cosas es, a sus ojos, la más idónea ya que considera es quien verdaderamente se fija en los elementos importantes. Vigilará su cuenta corriente con celo y continuamente estará planificando posibles gastos futuros que puedan descuadrar su presupuesto. Obstinado y terco, transmitirá una aparente seguridad, si bien continuamente puede buscar la aprobación de las ya mencionadas figuras de referencia o personas tan válidas como él. Mucho cuidado con no ceder un asiento a una persona anciana en un transporte público si está delante alguien anancástico. Gustan de seguir las normas sociales con rectitud y por ello, al conducir un vehículo, serán muy escrupulosos a la hora de señalizar todas las maniobras y, aún mucho más, en procurar que los demás las sigan. No es difícil ver a la persona obsesiva corrigiendo continuamente a los demás acerca de lo que deben y no deben hacer o como es mejor comportarse en determinadas situaciones. Pueden ser muy desordenados para algunas cosas pero intentan imponer su orden y control a los demás en la mayoría de las situaciones. Dar tantas vueltas a todo tiene muchos inconvenientes y es muy probable que se enfrasquen en una tarea que quizá no es la más importante en ese momento, pero si un pensamiento automático pasa por su cabeza… poco hay que hacer. Dada el alto nivel de autoexigencia no es raro que gusten del escapismo en forma de períodos de aislamiento o conductas adictivas (como pueden ser videojuegos). Continuamente estarán preguntando si están obrando bien (a sus referentes), incluso en temas afectivos. La empatía no suele ser una virtud que adorne a estas personas y no gustan de ver expresiones espontáneas de afecto (p. e.: la gente que es muy efusiva en su alegría). Medir cada palabra es clave y mucho más huir de las relaciones interpersonales donde pueden mostrar ambigüedad dado que es difícil se sientan plenamente cómodos. Lo importante con una persona obsesiva es que no sufra daño, porque en ese caso será extremadamente despiadado con su objeto de ataque. No hay una vivencia del presente, sino de lo que se debería haber hecho en el pasado o de lo que se debe hacer en el futuro. Aparentan alegría, espontaneidad y positivismo, cuando detrás de todo ello hay tensión y un halo sombrío de control emocional. La palabra responsabilidad es su bandera y la búsqueda de la aceptación por los demás su objetivo. Tienen muchas conductas estereotipadas diarias que convierten en una verdadera liturgia necesaria e imprescindible en su obrar. Por cierto, no es bueno que se cambien los planes a última hora, al menos con una persona obsesiva.


No sé si Abraham Lincoln era obsesivo, pero dijo un frase típica de ellos cuando señaló no se puede escapar de la responsabilidad del mañana evadiéndola hoy, mientras que Mahatma Gandhi consideraba que la felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía. A mí me surge recomendar que sólo se puede disfrutar lo auténticamente placentero en el presente, sin amargarse continuamente con el eventual mañana

jueves, 31 de agosto de 2017

Experiencias Residentes PIR 11. DESPEDIDA Y ABRAZO

(Por motivos de confidencialidad y privacidad no nombraré diagnóstico ni otros aspectos relevantes de índole personal del paciente que pudieran perturbar su intimidad)

El abrazo, definido en el diccionario como: acto de rodear con los brazos a alguien o de hacerlo dos personas entre sí como muestra de afecto, cariño, felicitación, etc;  y que defino yo como;  aquel acto que puede ser hacía otra persona u puede ser en conjunto; ese "arropar" que suena a cariño, apoyo, y "amor".

Bien, el otro día una de las pacientes que llevaba en el servicio de la tarde, la unidad de estancia corta de psiquiatría (UEC) se fue de alta. Había estado dos semanas ingresada y desde el principio la estuve viendo yo. La evolución de la paciente estaba siendo muy buena y se propuso a psiquiatría hacer un permiso de fin de semana previo al alta médica. Una vez hablado se aprobó. La paciente salió de permiso un Viernes y tenía límite para volver un Lunes a las 10:00 de la mañana; a las 8:00 ya estaba en la unidad acompañada de su pareja. Esa misma mañana paciente y familiar hablaron conjuntamente con el psiquiatra para comentar como había ido en casa  (yo iba a ir a la unidad por la tarde).

Cuando llegué leí en el curso clínico que en casa había ido muy bien y que el alta estaba prevista para esa misma tarde.

Llegó la hora de hacer una última sesión y con ello una buena introspección del ingreso para valorar, de manera explícita, la evolución que había tenido. En esta sesión también se contemplaría reforzar todo lo trabajado en las sesiones con el fin de sostener determinadas pautas en su domicilio, una vez dada de alta. 

Dimos por concluida la sesión y agradecida se marchó a la sala esperando que llegara su pareja para recogerla. Llegó la pareja y la enfermera me avisó de que me llamaban.

La paciente me dijo (ya cambiada con ropa de calle, justo antes de irse de la planta), GRACIAS y me abrió los brazos invitándome a un abrazo, evidentemente lo acepté. 

Le di  ánimos y mucha fuerza, y le dije, “quiere, puedes”, mirándola a los ojos.

Acto seguido y mientras se dirigían hacia la puerta, sentía el estómago encogido; la sensación de lloro estaba a flor de piel.

Me llevé esta sensación de satisfacción y gratificación a mi casa, al día siguiente me puse a cocinar (fue un día duro y cocinar me relaja mucho) y me vino a la cabeza que podría ser buena idea poderos describir este acto y las sensaciones que despertó en mí tanto a nivel personal como profesional. Me decidí y aquí estoy, intentándoos transmitir a través de estas palabras un acto maravilloso que vino solo, sin esperar y que fue tan gratificante que por ser "el primero" creo que nunca olvidaré.


BARBARA CITOLER NAVAL , Residente PIR

Me llevé esta sensación de satisfacción y gratificación a mi casa, al día siguiente me
puse a cocinar (fue un día duro y cocinar me relaja mucho) y me vino a la cabeza que
podría ser buena idea poderos describir este acto y las sensaciones que despertó en mí
tanto a nivel personal como profesional. Me decidí y aquí estoy, intentándoos
transmitir a través de estas palabras un acto maravilloso que vino solo, sin esperar y
que fue tan gratificante que por ser "el primero" creo que nunca olvidaré.
Bárbara

jueves, 24 de agosto de 2017

Experiencias Residentes PIR 10. Evaluaciones en quirófano con paciente despierto.


HASTA LA FECHA, LO MÁS EMOCIONANTE DE LA RESIDENCIA

A los pocos días de estar en la unidad de neuropsicología me enteré que una de las
compañeras   de   máster   hacía   evaluaciones   en   quirófano   con   paciente   despierto
mientras se le intervenía quirúrgicamente a nivel cerebral (normalmente extirpación de
un   tumor)  con   el  obejtivo  de   reseccionar   el  máximo  tejido  tumoral  preservando  al
máximo las funciones cognitvas.

La idea me pareció muy atractiva, así que no tardé en mostrar mi interés. Le comenté si
sería posible acompañarla a una operación; su respuesta fue, “¡claro, a la próxima te
aviso!”   ¡Qué   emoción!   Me   parecía   verdaderamente   muy   interesante   y   me   daba   la
sensación   que   iba   a   ser   una   experiencia   que   quedaría   grabada   como   de   las   más
emocionantes de la residencia. 

Desde ese día hasta la fecha de la operación pasaron unas cuatro semanas, que me
sirvieron para concienciarme. Sabía de compañeras de la unidad que habían ido, se
habían desmayado de la impresión; la convicción ante la decisión iba fluctuando, había
momentos que el “miedo” al desmayo me hacían cuestionar si ir o no ir pero cierto es
que   estas   dudas   fueron   mínimas   y   deseaba   que   llegara   la   semana   que   me   dijera
“Bárbara esta semana tenemos operación”; ese día llegó. La operación iba a ser un
Jueves   y   ella   me   lo   dijo   un   Martes.   Por   la   poca   o   más   bien   nula   experiencia   en
quirófano y en ver órganos en vivo o partes del cuerpo preparadas para extirpar pensé
que ver algún vídeo (hacer un poco de pre-exposición) sería buena idea para reducir el
impacto, pero no lo hice... Fui a por todas, sin saber lo que me esperaba pero con la
certeza de que podría con ello! (tal y como vas al exámen PIR  )

Ese día lo viví muy intensamente, la planta, la puerta y el pasillo que nos dirigían al
quirófano eran diferentes a los que habitualmente me muevo. Se comenzaba a percibir
menos temperatura en el ambiente, las paredes blancas y los suelos resplandecientes.

Llegó el momento “pijama” de quirófano, gorro, mascarilla y peúcos (un outffit ideal!),
con el “kit” al completo me hice una foto de recuerdo (que aquí teneis); mi corazón se
iba acelerando a medida que la imagen de “cirujano” me la estaba viendo en mi misma
(nunca habría podido pensar verme así vestida siendo psicóloga).

Por fín llegó el momento, la puerta corredera se abrió y ya dentro; el paciente estaba
en una camilla, tumbado de lado, rodeado de monitores y en la parte superior de su
cuerpo, justo detrás de su cabeza estaban los dos neurocirujanos (al entrar no se veían
porque   los   separaban   una   especie   de   sábanas   extendidas   de   lado   a   lado   que
delimitaban la zona donde ellos se encontraban). En el primer momento que entré no
ví nada alarmante únicamente el paciente y profesionales (anestesistas, enfermeros y
residentes) además de todos los monitores que rodeaban al paciente. Fue cuando mi
compañera   y   yo   nos   colocamos   a   su   lado,   cuando   ya   se   hicieron   visibles   las   dos
pantallas   que   había   para   seguir   la   operación.   En   ese   momento   pensé   “es   una
película”....

El proceso llevado a cabo fue el siguiente: el neurocirujano antes de comenzar con la
extirpación le pidió al paciente que contara hasta diez, de este modo trata de encontrar
la intensidad a la cual su cerebro produce una respuesta (negativa o positiva según el
caso; en este caso negativa ya que al estimular la zona se inhibiría la producción del
habla). Una vez encontrada esta intensidad (que será la que se utilizará para toda la
estimulación cerebral durante la operación) entramos nosotras; ellos nos avisaban que
zona iban a estimular y dependiendo de eso escogíamos una u otra tarea (las pruebas
se pasan previamente, días previos a la operación; de este modo se aseguran que lo
sabe   que   cualquier   alteración   en   la   respuesta   será   causada   únicamente   a   esa
estimulación, no a que el paciente desconoce el estímulo).

     Nos  coordinamos   con   el   cirujano   para   cuadrar   estimulo   y   estimulación,   por
ejemplo: para el área de broca se utilizó una tarea de denominación. Al paciente se le
mostraba una imagen en un ordenador y en ese momento el cirujano estimulaba   el
área implicada (en este caso área de broca); el paciente iba nombrando las imágenes
que se le mostraban, había algunas que no las podía nombrar u que se quedaba a
medias   en   la   denominación,   (justo   cuando   el   neurocirujano   estimulaba)   entonces
nosotras decíamos “ahí” indicándole que justo al estimular tal zona no podía nombrar
las   palabras,   eso   le   iba   indicando   al   cirujano   por   donde   “entrar”   para   comenzar   a
extirpar   el   tumor   sin   dañar   habilidades   cognitivas,   y   así   sucesivamente   (dejando
descansar al paciente) hasta que tenían fijada el área de entrada (para comenzar a
extirpar).

 Si la respuesta es correcta se deduce que el área no está implicada en dicho proceso y
que   por   tanto,   si   en   esa   zona   hay   tumor   se   podrá   extirpar   sin   haber   repercusión
funcional para el paciente; pero si se produjera respuesta negativa, parafasia semántica
(cualquier   alteración   en   la   respuesta   del   paciente)   indicaría   que   esa   área   participa
activamente en la función y por lo tanto se tendría que valorar extirpar o no puesto
que ello conllevaría repercusión funcional del paciente tras la extirpación del tumor.

A medida que iban pasando los minutos y las horas iba intercambiando la mirada con
el   paciente   y   la   mirada   con   la   pantalla   de   su   cerebro   (en   vivo)   e   iba   tomando
consciencia de lo que estaba viendo...que si os podeís imaginar era verdaderamente
increíble ver tal interacción. Ya pasadas un par de horas,  me asomé a la zona de detrás
donde estaban los cirujanos, tube mis dudas sí, porque pensé que si ya verlo en la
pantalla me parecía increíble, verlo en VIVO iba a ser...Me envalentoné y travesé “las
sabanas” que delimitaban la zona y ahí ví, el cráneo, el cerebro, todas y cada una de las
partes; imaginaros ver el Área de Broca que tantas veces hay que estudiar, ahí delante,
y   ver   como   el   neurocirujano   la   estimula   y   eso   produce   un   efecto   en   el   paciente...
¡Impresionante! 

Espero con estas palabras os podáis hacer una idea de tal experiencia, ya que fueron
muchas   sensaciones   y   emociones   conjuntas   en   poco   tiempo.   Poder   ver   esto,   el
proceso,   la   delicadeza,   la   profesionalidad,   la   cohesión   del   equipo,   de   todos   los
profesionales para que  todo saliese lo mejor  posible fue realmente  fascinante  y os
recomiendo que si algún día teneis la oprtunidad, intentéis aislar el respeto, “el miedo”,
las experiencias de otras personas ante tal situación e intentéis priorizar vuestro interés
y vuestra devoción por aprender y fascinaros de cosas tan maravillosas como fue esta.

Un Saludo compañeros,

BARBARA CITOLER NAVAL , Residente PIR

miércoles, 23 de agosto de 2017

Una de las claves para conseguir plaza


LA IMPORTANCIA DE REALIZAR EXAMENES PIR

La experiencia nos dice que por mucho que se estudie, si no se realizan exámenes y simulacros será muy difícil conseguir la tan deseada plaza.

En encuestas realizadas nos encontramos que los estudiantes pir suelen hacer pocos o muy pocos  exámenes  por diversos motivos, entre los que están:
ü  Es duro ponerse un día a la semana durante 3-5 h con ellos.
ü  Prefiero no perder  5 h haciendo exámenes y así estudio más.
ü  Todavía tengo pocos conocimientos.
ü  Me desmotiva cuando veo los resultados.
ü  Me da mucha pereza, porque les veo poco prácticos.
ü  Son un poco "deprimente" comprobar lo mucho que me equivoco.
ü  A veces lo que se pregunta en el PIR no siempre coincide con los simulacros.
ü  Simplemente que el examen es largo  y hay que dedicarle una tarde o mañana  entera.
ü  Duro golpe de realidad
ü  La inclusión de conceptos de algunas áreas que aún no han sido explicados.
Sin embargo, la realidad nos dice, que si no se hacen muchos, es prácticamente imposible  aprobar el PIR.

Partiendo de esta premisa, una de las claves para conseguir plaza PIR es la REALIZACIÓN DE EXÁMENES y SIMULACROS.

Desde CeDe os recomendamos hacer uno mínimo a la semana, independientemente de cuando se haya comenzado el curso. A parte de los que se puedan hacer por áreas o personalizados.
CeDe dispone de la herramienta más potente y practica para llevar a cabo esta tarea de una forma fácil y sencilla a la vez que eficaz, es CedeExam.
·         Dispone de más de 50 simulacros.
·         Más de 24 examen PIR.
·         Infinitos exámenes a la carta o personalizados.
Además de disponer del comentario de las respuestas correctas y un amplio informe de tu examen  y la evolución de los mismos más información

Esta aplicación esta disponible  para todos los candidatos que se presentan al PIR

lunes, 21 de agosto de 2017

Experiencias Residentes PIR 9. Los descansos son necesarios .


¡¡Bienvenid@s   de nuevo!!  Hace  ya   bastantes  días  desde la  última  vez  que
compartí mis vivencias con vosotr@s y esta vez, la espera ha tenido una buena
excusa... ¡He estado de vacaciones!

¿Por qué os cuento esto? Algunos de vosotros probablemente hayáis tomado o
vayáis a tomar algunos días de descanso a lo largo del mes de Agosto, mientras
que otros os encontraréis muy agobiados y lo consideraréis una pérdida de tiempo
(ese tiempo que justo ahora os parece que no tenéis para aprenderos todo el
material). Sin embargo, yo os animo fervientemente a que lo hagáis, tomad un
tiempo para vosotros, para disfrutar con vuestra familia, pareja, amigos, para viajar
o hacer alguna de esas cosas que el estudio os está impidiendo hacer.

El calor, las fotos de amigos en sus respectivas vacaciones, los planes que
rechazas a lo largo de estos meses de verano... todo eso al final supone un peso
que a veces hace el estudio muchísimo más cuesta arriba que en otros momentos
del año, haciéndonos perder efectividad. Por eso darse un respiro, aunque ahora
cueste verlo, puede ser una gran inversión de futuro, ya que os permitirá estar
mucho más despejados a la vuelta y coger otra vez el ritmo con más ganas que
antes, incrementándose vuestro rendimiento y vuestras posibilidades de llegar bien
al examen (al menos en mi caso, así fue).

¿Qué supone llegar bien al examen?. Pues poder  alcanzar vuestro ansiado objetivo ,
  ser   los   nuevos   psicólogos   internos   residentes   de   los   hospitales
españoles y justamente el poder conseguir eso, implica uno de los mejores
trabajos del mundo... lo que nos lleva precisamente al tema inicial: las vacaciones.

Y es que ese gran trabajo también incluye sus correspondientes días de descanso.

A priori puede parecer una tontería, pero hay tantas cosas nuevas que aprender y
que hacer, tantos casos, tantas personas... que como en vuestro caso, también se
necesita un breve parón para volver a  recargar las pilas  al 100% y continuar
disfrutando de este apasionante viaje.

Al ser el primer año, en mi hospital, nos corresponden un total de  11 días de
vacaciones más 3 días de libre disposición, a los cuales hay que añadir los días
que puedes solicitar para asistir a jornadas, congresos... Teniendo en cuenta el la
falta de tiempo del año previo y que nos incorporamos a nuestras rotaciones el día
29 de mayo, tras casi 4 meses de descanso postexamen, he de decir que no está
nada mal (fines de semana, días en verano, navidades... ¡¿qué más se puede
pedir?!).

A pesar de que mi primer día de vuelta ha sido de lo más tranquilo (parece que
hasta los pacientes están dándome un periodo de adaptación de nuevo a la rutina),
esta tranquilidad no creo que dure, así que pronto estaré por aquí retransmitiendo
novedades y algunos de mis progresos a lo largo de estos meses.

Muchísimas gracias por leernos y, sobre todo, ánimo con vuestro estudio.

“ Pregúntate si lo que estás haciendo hoy, te acerca al lugar en el que quieres
esta mañana”

LAURA PÉREZ, Residente PIR

lunes, 7 de agosto de 2017

No te reconozco Capgras

                          Por Dr. Juan Jesús Muñoz García, Profesor de Psicología Clínica de CeDe




La capacidad para reconocer las caras de los individuos y la de discriminar aquellas que nos resultan familiares de las que no está presente desde el nacimiento, desarrollándose y perfeccionándose a lo largo de los primeros años de vida. En el caso del Síndrome de Capgras (Ilusión de Sosias) no sólo hay una identificación errónea de alguien de su entorno, sino que se piensa, de forma delirante, que ha sido sustituido por un doble que no es del todo exacto.

Otras variantes de este defecto en la identificación son el Síndrome de Frégoli (se cree que uno o más individuos han alterado su apariencia para asemejarse a personas familiares), la intermetamorfosis (se cree que las personas de su entorno han intercambiado sus identidades) y el síndrome de dobles subjetivos (se está convencida de que existen dobles exactos a él). De todos, el más común es el delirio de Capgras y, de forma concreta, el estudio de sus causas ha estado íntimamente ligado al análisis de pacientes con lesiones cerebrales que habían desarrolla prosopagnosia. Este trastorno perceptivo provocaría que aquél que lo padezca sea incapaz de reconocer las caras de forma consciente, a pesar de que sí es capaz de reconocer otros objetos visuales. Sin embargo, el matiz consciente encierra, inherentemente, otra posible forma de reconocimiento facial que es la inconsciente. Así, a través del sistema nervioso autónomo (respuesta galvánica de la piel) podríamos reaccionar ante estímulos familiares (en este caso caras que eran tocadas).

Siguiendo con esta línea del estudio del Capgras partiendo del fenómeno de la prosopagnosia, se ha postulado que habría una “imagen espejo” de la prosopagnosia, de tal forma que, aunque la capacidad consciente para reconocer caras estaría intacta, habría daños en el sistema que produce la excitación emocional automática de caras conocidas. Desde otro punto de vista, se ha descrito el caso de un paciente capaz de sentir emociones y reconocer las caras, pero que no podría sentir las emociones al reconocer caras familiares. En este caso se postuló que el origen del síndrome de Capgras sería una desconexión entre la corteza temporal (zona de reconocimiento de rostros) y el sistema límbico (zona emocional). Por otro lado, además del vínculo con la prosopagnosia, el síndrome de Capgras ha sido relacionado con múltiples patologías como esquizofrenia, déficit de vitamina B12, hipertiroidismo, diabetes mellitus, intoxicaciones, TEC, accidentes vasculares cerebral, demencias, y otras.

Hay estudios que señalan que dos tercios de los pacientes con un síndrome de falsa identificación presentarían una lesión cerebral demostrable que originaría las anomalías en el reconocimiento facial, si bien hay otros estudios que señalan cifras inferiores incluso a una tercera parte de alteraciones morfofuncionales en la región frontotemporal derecha. Lo que sí parece bastante claro en los estudios analizados es que el síndrome de Capgras implica una hiperactividad dopaminérgia  que derivaría en anormalidades serotoninérgicas así como reducción de la actividad plaquetaria de la monoamino-oxidasa.

En alusión a modelos etiopatogénicos cognitivistas, se parte de dos componentes implicados en el reconocimiento facial:

1.         Unidades de reconocimiento facial: su papel es el de actuar como un almacén de huellas de memoria de caras previamente conocidas.
2.         Nodos de identidad personal: almacenes de todo el conocimiento perceptivo relativo a las personas conocidas y que se ha adquirido en múltiples contextos que se integran en una única representación que se almacena en la memoria.  Este almacén sería el responsable de que aparezca la sensación de familiaridad y el que, según los planteamientos de estos modelos, produciría el fallo característico del delirio de Capgras (ausencia de sentimiento de familiaridad).

En una reformulación del modelo se ha introducido un módulo específico de reconocimiento de la voz (unidad de reconocimiento de voz) al mismo nivel que el de reconocimiento de caras. Asimismo, posteriormente también se ha añadido un módulo llamado “aparato de integración” que recibiría información biográfica y emocional de la persona.

Finalmente, otros autores plantean que este aparato de integración también recogería información perceptiva, personal y afectiva en busca de la unicidad, compensando las discrepancias surgidas al comparar la información actual y la previa sobre una persona. La alteración en este nivel sería la que provocaría una clínica de falsa identificación dando pie a la génesis de dobles delirantes. Este módulo de identificación de unicidad estaría en un nivel superior al de recuperación de la información personal.

Sin embargo, estos postulados son criticados porque, entre otras cosas, existen casos de delirio de Capgras sin una entrada visual directa, negando la posibilidad de que la ausencia de familiaridad esté asociada indefectiblemente a la entrada visual.

A modo de conclusión general de las diferentes aproximaciones a la etiopatogenia del síndrome de Capgras, podría decirse que hay un conjunto de teorías explicativas centradas tanto en procesos cognitivos, como en aspectos orgánicos con implicaciones neuropsicológicas y/o neuropsiquiátricas. Resulta obvia la necesidad de comprender el delirio de Capgras como el resultado de varios factores que convergen en producir en el afectado una alteración del procesamiento facial mediada por procesos cognitivos alterados que modifican la integración perceptiva y nuestras creencias en el contexto de un afectación orgánica eminentemente fronto-temporal.

Bibliografía recomendada
Manzano, J.M.; Muñoz, J.J. (2011). El delirio de Capgras: Una revisión. Psiquiatria.com. ISSN 1137-3148